sábado, 22 de octubre de 2016

Desde

Desde que no se atasca la ducha y tu perfume no excede las mañanas, alguien olvida colgar la ropa, cansarme, hacerme dormir el invierno.
Desde que no aparecen todas las toallas mojadas ni se reparten por el baño un centenar de bártulos, me duele aquí y aquí y aquí y no sé qué médico podría recetarme algo para este dolor.

Desde que el café es solo y no importa qué suene en la radio, desde que las horas son una suma imponente y la comida nunca está en su punto, desde que no importa la sed ni la noche para tirar de otro trago, me duele aquí, lo juro, y aquí, y en el silencio oigo tu voz como un aletear, como el pequeño correr de un riachuelo.

Desde que la noche se ha vuelto oscura y el día ciega más que el orgullo, me duele aquí, y aquí, y aquí.

Desde que te has ido, me sobra un calcetín, un cojín y media almohada. Me sobra media ducha, un casco, dos patas de la mesa. Me sobra la luna o me sobra el sol, las y media o las menos cuarto, los días pares o las vísperas de festivo. Me sobra, desde que te fuiste, medio pomo de la puerta, las ondas del microondas, un zapato, uno de mis ojos tercos (que te busca y te busca y te busca).

Desde que te fuiste me duele aquí, y aquí, y me sobra todo y me falta, solamente, una cosa.


- Diego Álvarez.