Desde que no aparecen todas las toallas mojadas ni se reparten por el baño un centenar de bártulos, me duele aquí y aquí y aquí y no sé qué médico podría recetarme algo para este dolor.
Desde que el café es solo y no importa qué suene en la radio, desde que las horas son una suma imponente y la comida nunca está en su punto, desde que no importa la sed ni la noche para tirar de otro trago, me duele aquí, lo juro, y aquí, y en el silencio oigo tu voz como un aletear, como el pequeño correr de un riachuelo.
Desde que la noche se ha vuelto oscura y el día ciega más que el orgullo, me duele aquí, y aquí, y aquí.
Desde que te has ido, me sobra un calcetín, un cojín y media almohada. Me sobra media ducha, un casco, dos patas de la mesa. Me sobra la luna o me sobra el sol, las y media o las menos cuarto, los días pares o las vísperas de festivo. Me sobra, desde que te fuiste, medio pomo de la puerta, las ondas del microondas, un zapato, uno de mis ojos tercos (que te busca y te busca y te busca).
Desde que te fuiste me duele aquí, y aquí, y me sobra todo y me falta, solamente, una cosa.
- Diego Álvarez.
Desde que el café es solo y no importa qué suene en la radio, desde que las horas son una suma imponente y la comida nunca está en su punto, desde que no importa la sed ni la noche para tirar de otro trago, me duele aquí, lo juro, y aquí, y en el silencio oigo tu voz como un aletear, como el pequeño correr de un riachuelo.
Desde que la noche se ha vuelto oscura y el día ciega más que el orgullo, me duele aquí, y aquí, y aquí.
Desde que te has ido, me sobra un calcetín, un cojín y media almohada. Me sobra media ducha, un casco, dos patas de la mesa. Me sobra la luna o me sobra el sol, las y media o las menos cuarto, los días pares o las vísperas de festivo. Me sobra, desde que te fuiste, medio pomo de la puerta, las ondas del microondas, un zapato, uno de mis ojos tercos (que te busca y te busca y te busca).
Desde que te fuiste me duele aquí, y aquí, y me sobra todo y me falta, solamente, una cosa.
- Diego Álvarez.