lunes, 17 de diciembre de 2012

18 de diciembre

"Mi soledad se parece tanto a tu ausencia, que hasta pienso que son formas distintas de llamar la misma cosa."


Ya son 4017 días desde que te marchaste. Qué miedo, abuela. No hay cosa que me de más terror que pensar que algún día me levantaré sin contar los días que hace que no te veo. 


domingo, 11 de noviembre de 2012

No estarás

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

Júlio Cortázar.

martes, 24 de julio de 2012

Encuéntrame otra vez

-Acabo de darme cuenta de algo muy importante. 
-¿Qué pasa ahora? -dijo ella, que había estado mirando por la ventanilla, volviéndose hacia mí con expresión de cansancio. 
-Tu cumpleaños es el diecisiete de diciembre. 
-Y el tuyo es el veinticuatro de diciembre. 
-Es decir que, desde que nací, no ha habido un solo segundo en que tú no hayas estado en este mundo. 
-Si, eso parece. 
-Nací en un mundo en el que tú ya estabas. Ella frunció las cejas con aire de apuro. -A mí me es totalmente desconocido un mundo en el que tú no estés. Ni siquiera sé si existe o no...
 -Esperaba a que tú nacieras -dijo Aki, poco después, con voz reposada-. Te estaba esperando, sola, en un mundo en el que tú no estabas. 
-Sólo una semana. ¿Y cuánto tiempo crees que tendré que vivir yo en un mundo sin ti?

Un grito de amor desde el centro del mundo - Kyoichi Katayama.

martes, 19 de junio de 2012

Azul

La pena es una cosa extraña, nos deja totalmente desamparados. Es como si una ventana se abriera sola, la habitación se queda fría y lo único que puedes hacer es tiritar. Pero cada vez se abre un poco menos y un poco menos, hasta que un día nos preguntamos qué habrá pasado con ella.

Película: Memorias de una geisha.

jueves, 24 de mayo de 2012

Si no hubiera nadie por las calles

Nunca he sido un libro abierto, pero explico buenos cuentos. 
Si quieres, ahora que hay tiempo, empiezo a recitar el nuestro.

Debería, sí, debería ser posible, y sí, debería ser posible, 
y sí, debería ser posible, y lo demás, tan solo un cuento.

lunes, 9 de abril de 2012

A veces necesito a alguien

Pero yo no soy una persona triste. Al contrario, soy una persona feliz, con una hermana y unos amigos maravillosos. Solo que a veces pienso que sería bueno tener alguien con quien compartir las cosas. Por ejemplo, cuando vi Londres de noche desde un rascacielos quise decirle a alguien: "¡Qué bonito, ¿verdad?!". Pero no había nadie.

sábado, 3 de marzo de 2012

Fingir se me da bien

Muchas veces me veo fingiendo, fingiendo ante la gente, ante la vida, ante mí. Diciendo cosas que no pienso y pensando cosas que no siento. Recordando momentos que no han sucedido y deseando sueños que no necesito. Engañándome con miedos que no tienen sentido y protegiéndome con mentiras de todo aquello que me hace ser distinta. Es como si quisiera no defraudar a nadie, como si me impusiera caer bien a todo el mundo, como si tuviera mil máscaras con las que dar a cada uno de lo suyo. Hay veces en las que no me atrevo a decir no, en las que tengo miedo a expresar lo que pienso, en las que algo me impide mostrar todo lo que aquí. Y me escudo tras una afirmación o una sonrisa, tras un guiño o un “lo que tú digas”. No me atrevo a expresar verdaderamente lo que siento y me importa más lo que de mí digan que lo que yo les cuento. Me importa más ganarme por encima de todo su cariño que ser con orgullo yo misma. Me importa más darles continuamente la razón que utilizar mi criterio aunque no me den su aprobación.
Finjo, finjo para no caer mal a la gente, para ganarme de cada uno de ellos su respeto, para tener la irreal ilusión de que me quieren, para sentirme protegida en un mundo que no comprendo. Finjo, y cada vez me siento más perdida, más alejada de lo que verdaderamente quiero. Aunque tal vez ahí esté el principio de todo. Que no sé muy bien qué es lo que deseo, que no sé muy bien cómo soy, que no sé cuál es el camino ni a dónde voy.

sábado, 25 de febrero de 2012

Carta

Hola, amor:
Ya no somos niños, y nuestros juegos tienen poco de inocente. Ya no somos amantes nuevos, y día a día descubrimos la capacidad inmensa para hacernos mal, una habilidad que desconocíamos para hurgar en el hueco más doloroso del otro. Tú sabes escaparte con excusas, y cambias de tema, y olvidas enseguida lo que te parece desagradable. Ojalá tuviera yo esa virtud; pero me ha sido negada. Yo he sido siempre la responsable, la seria, la chica gris junto al chico maravilla, la mosca cojonera que arruinaba las gamberradas. Y ahora, cumplamos con nuestro papel, cada cual con el suyo. El mío es cerrar los ojos y preguntarte cuándo fue la última vez que nos escapamos sin planes un fin de semana; la última en la que nos miramos antes de caer derrotados frente a la televisión, y las partidas con los amigos y la ventana pendiente de un arreglo porque chirría, y los informes que no acabaste a tiempo el viernes. ¿Cuándo fue la
última vez que derrotamos al aburrimiento obligatorio del domingo? Antes no era así. Antes te metías unos billetes en el bolsillo, y cogíamos el coche y no regresábamos en dos días, con los minutos contados para arrancarnos la mugre con una ducha y correr al trabajo. Antes te colabas en el cine y me esperabas dentro, y te reías de mí porque yo no juntaba el valor para seguirte sin entrada. Antes cocinábamos recetas de un libro que trajiste de Marruecos, y a veces podíamos comerlas, y otras acabábamos en la noche con una sopa de sobre y dos tostadas con queso.
Se te está escapando la alegría, amor mío, y yo no sé cómo evitarlo. Yo no puedo ser tú y yo al mismo tiempo, y siento que me quieres, y siento que nada pasa, y sin embargo, creo que si nada pasa, algo grave ocurre, y no entra en mis planes tolerar que la vida que comparto contigo, esta vida que tiene sentido únicamente porque tú la compartes conmigo, envejezca sin remedio.
Piensa que el tiempo pasa. Imagina que tenemos de pronto setenta, ochenta años. Piensa en que apenas podremos movernos, que pesarán las piernas, que la piel se habrá arrugado, que harán falta gafas para todo. La vida se hará de pronto muy complicada, como un embudo que nos tragara hacia el vacío. ¿Qué recuerdos tendremos entonces? Yo te recordaré tomando champán a escondidas en el cumpleaños de mi hermano, te recordaré saltando de balcón en balcón el día que olvidaste las llaves, me recordaré durante aquel baile contigo con el vestido azul que te gustaba, nos recordaré rotos en llanto en el entierro de tu madre. Y quiero llenar el resto de años que nos quedan de recuerdos, quiero que creemos ahora la vida que luego será pasado, en lugar de que una laguna plácida y quieta se extienda de aquí allá. No es esto con lo que soñaba.
Y como ya no somos niños, como todas las capacidades, y la fuerza, y el valor, todo lo que poseemos, lo conocemos ya, ven, habla conmigo. Vamos a convertirnos en viejos.

Cartas de amor y desamor - Espido Freire

lunes, 20 de febrero de 2012

Aquello

Una vez, hace años, abrí mi corazón a un hombre que no mostró su rostro verdadero, y me costó un esfuerzo infinito cerrar las heridas que dejó en el alma. No quiero que contigo me pase lo mismo. No quiero más mentiras ni más sombras. No quiero más hombres disponiendo de mí a su antojo, alejándose y acercándose sin aviso aunque sea para salvarme la vida.

El tiempo entre costuras - María Dueñas

jueves, 16 de febrero de 2012

Vacía

Ya ves, continuamos viviendo cada uno a su manera, incluso ahora, pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días... haciendo, según cómo, una buena actuación.
Al pensarlo, me sentí terriblemente vacío.

Sputnik, mi amor - Haruki Murakami.