lunes, 6 de junio de 2011

Huérfanas de hombres

Querido Andrés:
Tienes razón en asombrarte, en tu artículo "Huérfanos de mujer", ante la visión de esa reunión de los más altos representantes de las empresas de este país con el presidente del Gobierno, en la que había treinta y nueve hombres y una única mujer. Penosa visión en pleno año 2011, cuando tantos y tantas dan por supuesto que todo está hecho en cuanto a la igualdad y que a nosotras, las mujeres, en lugar de andar protestando y reclamando ser consideradas de acuerdo a nuestros méritos y no a nuestra condición biológica, no nos queda más que lanzarnos a disfrutar de las frutas de ese bosque luminoso de justicia feminista que plantaron nuestras antecesoras.
Lo cierto es que somos la mitad de la población, pero allí donde está el poder, el dinero y el prestigio, apenas figuramos. No estamos en la dirección de las grandes empresas, como ha quedado claro. Tampoco en las reales academias. Hay unas cuantas ministras en el Gobierno, es verdad, pero apenas secretarias de Estado o directoras generales, cargos intermedios que salen poco en las fotos pero tienen mucha capacidad de gestión. Hay una sola presidenta entre los de las diecinueve comunidades autónomas, y muy pocas alcaldesas en las grandes ciudades. Y, en general, apenas hay políticas en puestos importantes que hayan superado la cincuentena: parece que las arrugas y la flacidez nos alejan no sólo de las pasarelas y las pantallas, sino también de los despachos donde se toman decisiones.
Puedo seguir dándote datos: aunque somos nosotras quienes nos ocupamos de la cocina desde tiempos inmemoriales, entre los cocineros de fama casi no hay mujeres. Hace unos días, me tocó hablar en una mesa redonda sobre el prestigio literario y los premios. Para mi propio asombro -y mira que soy consciente de las grandes deferencias que existen en la manera como somos juzgadas las escritoras y los escritores-, descubrí, por ejemplo, que el premio Cervantes sólo han ganado tres mujeres en treinta y cinco años; el Nacional de las Letras, otras tres veces en veintisiete ediciones; el Nacional de Narrativa, dos en treinta y cuatro convocatorias, y el de la Crítica, otras dos en cincuenta y cinco años: por cierto, los críticos españoles que otorgan este galardón consideran que ninguna novela escrita por una mujer lo ha merecido desde 1961, cuando lo ganó Elena Quiroga (y debo contarte que uno de nuestros colegas, que goza de casi todos esos premios y hasta un sillón en la Academia, me echó una bronca monumental porque, según él, somos unas lloricas).
En fin, esto es lo que hay, querido Andrés. Y no imaginas cuánto te agradezco que seas tú, un hombre, el que hable de ello. Porque, cuando lo hacemos nosotras, parece que sólo somos, como cree nuestro reputado (y misógino) compañero, unas quejicas. Y te aseguro que, si esos varones del poder y del prestigio están, como dices, huérfanos de mujeres, también nosotras estamos huérfanas de hombres. De hombres de verdad, que nos traten con el respeto que nos merecemos -cuando nos lo merecemos- sin que por ello se les caiga los anillos de su patético sentido de la hombría.

Y nosotras, huérfanas de hombres - Ángeles Caso (Revista Magazine)

domingo, 5 de junio de 2011

Alice


¿Para qué habré llorado tanto? Ahora tendré que ahogarme en mis propias lágrimas.