sábado, 25 de febrero de 2012

Carta

Hola, amor:
Ya no somos niños, y nuestros juegos tienen poco de inocente. Ya no somos amantes nuevos, y día a día descubrimos la capacidad inmensa para hacernos mal, una habilidad que desconocíamos para hurgar en el hueco más doloroso del otro. Tú sabes escaparte con excusas, y cambias de tema, y olvidas enseguida lo que te parece desagradable. Ojalá tuviera yo esa virtud; pero me ha sido negada. Yo he sido siempre la responsable, la seria, la chica gris junto al chico maravilla, la mosca cojonera que arruinaba las gamberradas. Y ahora, cumplamos con nuestro papel, cada cual con el suyo. El mío es cerrar los ojos y preguntarte cuándo fue la última vez que nos escapamos sin planes un fin de semana; la última en la que nos miramos antes de caer derrotados frente a la televisión, y las partidas con los amigos y la ventana pendiente de un arreglo porque chirría, y los informes que no acabaste a tiempo el viernes. ¿Cuándo fue la
última vez que derrotamos al aburrimiento obligatorio del domingo? Antes no era así. Antes te metías unos billetes en el bolsillo, y cogíamos el coche y no regresábamos en dos días, con los minutos contados para arrancarnos la mugre con una ducha y correr al trabajo. Antes te colabas en el cine y me esperabas dentro, y te reías de mí porque yo no juntaba el valor para seguirte sin entrada. Antes cocinábamos recetas de un libro que trajiste de Marruecos, y a veces podíamos comerlas, y otras acabábamos en la noche con una sopa de sobre y dos tostadas con queso.
Se te está escapando la alegría, amor mío, y yo no sé cómo evitarlo. Yo no puedo ser tú y yo al mismo tiempo, y siento que me quieres, y siento que nada pasa, y sin embargo, creo que si nada pasa, algo grave ocurre, y no entra en mis planes tolerar que la vida que comparto contigo, esta vida que tiene sentido únicamente porque tú la compartes conmigo, envejezca sin remedio.
Piensa que el tiempo pasa. Imagina que tenemos de pronto setenta, ochenta años. Piensa en que apenas podremos movernos, que pesarán las piernas, que la piel se habrá arrugado, que harán falta gafas para todo. La vida se hará de pronto muy complicada, como un embudo que nos tragara hacia el vacío. ¿Qué recuerdos tendremos entonces? Yo te recordaré tomando champán a escondidas en el cumpleaños de mi hermano, te recordaré saltando de balcón en balcón el día que olvidaste las llaves, me recordaré durante aquel baile contigo con el vestido azul que te gustaba, nos recordaré rotos en llanto en el entierro de tu madre. Y quiero llenar el resto de años que nos quedan de recuerdos, quiero que creemos ahora la vida que luego será pasado, en lugar de que una laguna plácida y quieta se extienda de aquí allá. No es esto con lo que soñaba.
Y como ya no somos niños, como todas las capacidades, y la fuerza, y el valor, todo lo que poseemos, lo conocemos ya, ven, habla conmigo. Vamos a convertirnos en viejos.

Cartas de amor y desamor - Espido Freire

lunes, 20 de febrero de 2012

Aquello

Una vez, hace años, abrí mi corazón a un hombre que no mostró su rostro verdadero, y me costó un esfuerzo infinito cerrar las heridas que dejó en el alma. No quiero que contigo me pase lo mismo. No quiero más mentiras ni más sombras. No quiero más hombres disponiendo de mí a su antojo, alejándose y acercándose sin aviso aunque sea para salvarme la vida.

El tiempo entre costuras - María Dueñas

jueves, 16 de febrero de 2012

Vacía

Ya ves, continuamos viviendo cada uno a su manera, incluso ahora, pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días... haciendo, según cómo, una buena actuación.
Al pensarlo, me sentí terriblemente vacío.

Sputnik, mi amor - Haruki Murakami.